En esta entrevista, Nicolás Camaño comparte cómo está cambiando el concepto de seguridad en las urbanizaciones cerradas, y por qué la pregunta ya no es cuántos guardias tiene un barrio sino qué tan inteligente es el sistema detrás.
En los barrios que administra Urbis, ¿cuándo empezaron a ver que el modelo tradicional de seguridad ya no alcanzaba?
Hace algunos años la métrica era simple: más guardias, más seguridad. Hoy esa ecuación está rota. No porque el guardia no sea importante, sino porque un guardia mirando cuarenta monitores durante ocho horas es una promesa que el sistema no puede cumplir. La fatiga, los falsos positivos, la reacción tardía. Lo que cambió fue la pregunta que empezamos a hacernos: ¿cuán integrado y cuán inteligente es el sistema que sostiene a ese guardia, y cuán preparado está ese guardia para operarlo? Ahí está la diferencia real.
¿Qué significa concretamente “sistema integrado” para un vecino que vive en uno de esos barrios?
Para el vecino significa que la seguridad dejará de ser visible de manera invasiva. El ingreso fluye: la patente se lee sola, la identidad se valida, la barrera se abre. No hay llamado a la guardia, no habrá papel, ni cola el domingo a la tarde. Y si alguien intenta entrar “pegado” al auto de adelante aprovechando que la barrera está abierta, el sistema lo detecta y lo bloquea automáticamente. Eso se llama anti-tailgating, y es una de las modalidades delictivas más comunes en barrios privados hoy. La inteligencia artificial que corre detrás de las cámaras ya no solo registra: distingue, clasifica y avisa. El guardia recibe el problema confirmado, no el ruido. Sabe operar el sistema y está preparado para intervenir.
¿Cómo cambia el rol del guardia en este modelo? ¿Se está reemplazando o transformando?
Se está transformando, y esa distinción es fundamental. El guardia no desaparece: se profesionaliza. Pasa de ser un observador pasivo de pantallas a ser un operador que gestiona situaciones reales ya confirmadas por el sistema. En los barrios donde trabajamos con este esquema, el guardia sale con tablet a las colas de ingreso en días de alta demanda y resuelve en la fila antes de que el vehículo llegue a la barrera. Eso es eficiencia real. El guardia bien preparado dentro de un ecosistema digital vale mucho más que diez guardias recorriendo a pie o simplemente “parados en la puerta del barrio”. En un futuro no muy lejano, nuestra expectativa es que el propietario aumente su participación activa en el manejo de los sistemas de control de acceso, y que el guardia pueda concentrarse en lo que realmente importa.

Más allá del acceso, ¿la plataforma tecnológica impacta en otras áreas de la gestión del barrio?
Completamente. Lo que más nos sorprendió al implementarlo es que la misma plataforma que gestiona el acceso termina siendo la columna vertebral de toda la administración. Desde ahí se comunica con todos los propietarios en segundos, se gestionan las obras con control de seguros y permisos al día, se administra la paquetería con trazabilidad completa y se reservan los amenities. El vecino se autogestiona desde el celular. Y cada una de esas interacciones genera datos. Ese dato es el activo más subestimado que tiene un barrio hoy: te dice dónde reforzar, qué horario es crítico, cómo optimizar la dotación. La seguridad se vuelve medible.
Cómo impacta este modelo en los costos de seguridad del barrio? ¿Los propietarios pueden esperar un alivio en las expensas?
La pregunta correcta no es si la tecnología cuesta más o menos, sino si el gasto está bien distribuido. Un sistema integrado permite que cada recurso humano y técnico esté donde tiene que estar, haciendo lo que mejor sabe hacer. Eso es eficiencia del gasto. Ahora bien, hay que ser honestos en algo: la seguridad nunca puede optimizarse al punto de quedar sin margen de respuesta. El delito no para, evoluciona. Aparecen nuevas modalidades, nuevos vectores de ingreso, nuevas formas de vulnerar lo que creíamos seguro. Un barrio que achica su sistema de seguridad solo para bajar costos está tomando un riesgo que no se ve hasta que se paga. Lo que sí podemos decir es que, con la tecnología correcta y los proveedores adecuados, es posible hacer más con lo mismo, y en muchos casos gastar menos haciendo más.
Las tendencias globales del sector hablan de drones, analítica predictiva, convergencia físico-digital. ¿Eso ya llega a los barrios del GBA?
Ya está llegando, aunque de manera gradual. Lo que vemos claramente instalado es la analítica de video con inteligencia artificial, los sistemas de acceso biométrico integrados y los sistemas perimetrales multicapa. Los drones y la robótica de patrullaje autónomo están más presentes en complejos industriales y urbanizaciones de mayor escala, pero el camino apunta en esa dirección y ya estamos realizando las primeras pruebas (por ejemplo, en Chacras de la Trinidad). Lo que sí es una realidad hoy es la convergencia entre seguridad física y digital: los sistemas conectados a redes también son vulnerables, y los proveedores serios ya incorporan la ciberseguridad como parte del diseño, no como un parche posterior. Y no nos olvidemos del guardia: las empresas están trabajando fuerte para romper con el estereotipo del vigilador y avanzar hacia un modelo de operador instruido, motivado y eficiente. En Urbis trabajamos con proveedores que entienden eso. Tenemos mucho potencial por recorrer, y la dirección está clara.