Con más verde, tranquilidad y espacios para compartir, cada vez más familias eligen mudarse para transformar su forma de vivir. En esta nota, historias reales sobre cómo cambiar de casa también puede cambiar el día a día.

Texto por: Constanza Agri

Mudarse no es sólo cambiar de dirección. Es cambiar rutinas, tiempos, formas de criar, de descansar y hasta de encontrarse con otros. Para muchas familias, elegir un barrio Eidico fue mucho más que acceder a una casa o un lote: fue apostar por una nueva manera de vivir.

En esta nota, vecinos de distintos barrios cuentan cómo fue ese cambio y qué transformó en su día a día.

Una oportunidad para empezar la vida que buscaban 

Luján y su familia llegaron a Villa Nueva en 2013, cuando Casas de Santa María recién empezaba. Vivieron allí mientras construían su casa definitiva en San Gabriel, donde siguen hoy.

“Fue una oportunidad que surgió luego de entrar y salir en varios proyectos, lo que nos facilitó lograr tener un terreno y quedarnos con plata para empezar a construir. ¡Nos dio una oportunidad real de tener nuestra casa!”, cuenta.

Al momento de elegir dónde vivir, buscaban algo bastante concreto: “Cercanía al trabajo, servicios próximos y seguridad”. Pero hubo algo que terminó marcando la experiencia más de lo esperado: la comunidad. “Nos sorprendió que éramos todas familias con chicos, con quienes contar”. Hoy, lo que más disfrutan es simple: “Que mis hijos puedan aprovechar el aire libre”, concluye Luján.

Del lote a la casa propia: una apuesta a futuro

La historia de María empezó como inversión y terminó convirtiéndose en proyecto de vida. En 2020 compró un lote en Santo Tomás como primera inversión inmobiliaria. Dos años después, decidió venderlo y suscribir a un plan en Casas de Santa Ana, esta vez pensando en algo mucho más personal: el futuro de su familia.

“Nos gustaba la idea de acceder a la casa propia con jardín, que de otra forma no hubiéramos podido hacer”, explica. En la búsqueda, había prioridades claras: tranquilidad, verde y servicios cerca. “Buscábamos una zona que estuviera más alineada al verde, pero también desarrollada, con centros de salud, comerciales y educativos”, destaca María.

Y encontró exactamente eso: “Un ritmo de vida más tranquilo, muy rodeado de verde. Es un barrio seguro, muy bien cuidado, y con muchos servicios alrededor”. Además destaca que “la vida que hay en torno a la plaza reúne a familias jóvenes con hijos, a quienes salen a pasear a sus perros. Se forja la comunidad y la crianza ‘en red”. Hoy, sus tardes favoritas tienen escenario fijo: “Disfruto mucho del jardín, y de la plaza como espacios de juegos con mi hijo y de encuentro con otras familias”.

Vivir rodeado de naturaleza, de verdad

En San Martín de los Andes, Juan Diego encontró algo distinto a todo lo que había visto antes. “Tomé la decisión porque me gustó lo novedoso del proyecto y el lugar: una reserva natural en la montaña”, cuenta sobre Estancia Miralejos.

Además del entorno, hubo otro factor clave: la modalidad al costo del proyecto y la facilidad del pago en cuotas”. Con el tiempo, hubo algo que terminó valorando especialmente de la comunidad: “Me sorprendió lo homogéneo de la gente en cuanto a respetar y preservar la naturaleza del lugar”.

Del departamento a una vida más tranquila 

Cuando Silvina volvió de Japón junto a su familia, la vida en departamento dejó de tener sentido. “Nuestras hijas tenían 6 meses y 3 años y medio cuando decidimos hacer un cambio de vida”, recuerda. Buscaban más espacio, tranquilidad y seguridad. Pero también otra manera de criar. Después de comprar el lote y atravesar la obra, finalmente se mudaron a San Matías, en Maschwitz. 

“Nunca antes habíamos vivido en un barrio cerrado y encontré mucha solidaridad entre vecinos, una comunidad muy linda”, cuenta Silvina. Hoy, hay rutinas que se volvieron parte fundamental de su calidad de vida: “Disfruto mucho vivir en una casa con jardín y vista a la laguna. Es como vivir en una casa de veraneo todos los días”, explica.

Sus hijas también ganaron independencia y libertad. “Van a sus actividades dentro del barrio desde chicas, salen a andar en bicicleta y se encuentran con amigas”.

Para Silvina, además, el crecimiento de los barrios impacta positivamente en toda la zona: “Se benefician comerciantes, colegios, clubes e iglesias al recibir más vecinos”.

Más espacio, más encuentros y bicicletas en la puerta

Alejandro tomó la decisión de mudarse en 2018, junto a su esposa embarazada. “El embarazo hizo que quisiéramos irnos del departamento donde vivíamos a un lugar más tranquilo, alejados de la ciudad, pero cerca”, explica. Eligieron San Francisco, en Villa Nueva, buscando verde, seguridad y otra dinámica familiar. La casa cambió completamente la rutina cotidiana. Y también la vida social.

“Suelo hacer más asados, invitar gente los fines de semana, y nuestra casa se convirtió en el centro de reunión de familiares y amigos” cuenta Alejandro. Pero si hay una imagen que resume el cambio, probablemente sea esta: “Mis hijas son mucho más libres; con 6 y 8 años van a la plaza solas”. O esta otra: “Ya con solo poder tener las bicicletas ‘tiradas’ en la puerta de la casa es un montón”.

Más que un lugar para vivir

Detrás de cada barrio hay historias distintas, pero con algo en común: la búsqueda de tranquilidad, verde, comunidad y una vida cotidiana que se disfrute más aún.Porque mudarse a un barrio Eidico no es sólo cambiar de casa, es cambiar la forma de vivir todos los días.