Por Diego Lanusse

En Eidico siempre intentamos dejar huella por donde pasemos. En los entornos de los barrios, con los contratistas que trabajan con nosotros, con nuestro aporte a la comunidad a través de la Fundación Oficios, con nuestra participación e involucramiento en las realidades de los vecinos, con nuestro ejemplo de cómo hacer negocios y con nuestra pasión y esperanza con las que realizamos cada acto. No solo en las posibilidades de hacer cumplir sueños o necesidades básicas de los que después son nuestros clientes, sino en los más necesitados.

Somos conscientes que el crecimiento de cualquier empresa genera que se busque un orden de los procesos para poder replicarlos y potenciarlos. Eidico siempre hizo acciones de RSE, sólo que antes no tenían ese nombre. Hoy, a 20 años de empezar a trabajar, decidimos explicitar en este documento “nuestra propia huella”, no solo para contarles lo hecho sino también para plantear el próximo desafío para los 20 años que se vienen. Ya no se trata de desarrollar barrios o emprendimientos inmobiliarios, sino de desarrollar comunidades.

Nosotros sabemos que nuestros proyectos tienen un impacto, no sólo económico, sino social, ambiental y personal, tanto para los que viven dentro de ese proyecto como para los de afuera. Teniendo en cuenta esta realidad y los valores de los que componemos Eidico, es hora de ordenarnos y poder hacer más de lo que estábamos haciendo.

Nuestra huella sirve para poder comunicar nuestra esencia, para todos aquellos que no nos conocen, y para que más personas sepan que se puede, debe y quiere transformar la realidad de este país para las generaciones que vienen.

El camino al que apuntamos está relacionado con un concepto llamado triple bottom line, que significa agregar a la ganancia económica el impacto social y ambiental. Yo le sumaría el impacto personal porque todo termina en la persona. Cuanto mejor persona, mejor familia, mejor empresa, mejores instituciones, mejor sociedad y mejor país. Ya no hay que pensar en el «cortoplacismo», sino apuntar al desarrollo de todos los actores en un largo plazo. Es importante darle herramientas a la persona para que pueda desarrollar su propia comunidad.

Afortunadamente, no es difícil para nosotros motivar a nuestros colaboradores a que participen en una acción social porque nuestro proceso de selección prioriza los valores de cada individuo. Entonces llegan a Eidico con un trasfondo de acciones sociales y dispuestos a hacer más. Sabemos que el argentino se interesa porque las cosas cambien. Nuestro objetivo de acá a los próximos 20 años es generar cada vez más acciones que desarrollen a cada elemento de la comunidad que nos rodea: individuo, familia, empresa, sociedad y medio ambiente.

Para terminar, ya lo dijo Jan Seitun –socio de Eidico- una vuelta: no existen personas perfectas, menos existirán empresas perfectas. Es por eso que nuestros errores quedaran sepultados debajo de la tierra junto a nuestros huesos, mientras que  las obras seguirán, porque trascienden a las personas… a Eidico. Las obras son “NUESTRA HUELLA”.