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La historia de Eidico comienza en los años noventa, cuando Mateo Salinas eligió un proyecto inmobiliario que recién arrancaba y que luego se transformaría en un modelo de desarrollo único en Argentina.

En sus primeros pasos, la historia de Eidico estuvo marcada por Santa María de Tigre, un proyecto que se gestó en casas de familiares y luego en una pequeña oficina, hasta convertirse en un éxito consolidado.

Hoy, la historia de Eidico refleja más de 20 años de crecimiento, atravesando crisis económicas, desarrollando barrios emblemáticos y proyectándose como un desarrollador con visión de futuro.

Con el tiempo, Mateo entendió que en realidad su decisión tenía que ver con algo más profundo: una filosofía de vida y una forma de hacer las cosas que encontró en Eidico. “Somos un grupo de amigos trabajando con un ambiente y una cultura espectacular. Que dejamos la vida y buscamos el desarrollo personal  y disfrutamos lo que hacemos y lo que fuimos logrando con cada proyecto que concretamos. No tenemos miedo de convocar a nuestros proyectos a familiares y conocidos porque no hay nada que ocultar”, explica.

Descubrir el potencial de Eidico no se dio inmediatamente. Mateo recuerda que no se imaginaron que estaban creando algo que iba más allá de los proyectos puntuales solo hasta 1997, con la consolidación de Santa Bárbara. Aunque la historia dos años después, sin embargo, comenzaban a mostrar su lado difícil. Sufrir la recesión y el golpe que significó la crisis de 2001 terminó de cambiar las variables.

“Creíamos que no nos paraba nadie y el mercado inmobiliario se frenó en seco. En ese momento creo que terminé de dar un salto madurativo como gerente al encarar todo el proceso con los proveedores y la renegociación de las obras”, cuenta.

La crisis sirvió también para probar el sistema. “Nuestras premisas –consorcio al costo, suscripción completa y atomización de inversores– se defendieron muy bien. No frenamos nunca y por esa razón la gente apostó a Eidico después de la crisis”, relata.

Con la recuperación llegó la innovadora Villa Nueva, la increíble costa esmeralda, el magestuoso San Sebastian, entre otros, que rápidamente se convirtió en un boom. “En el 2004 comenzaron los años de crecimiento más fuertes. Pasamos de 20 a 160 empleados y vivimos procesos internos muy importantes”, cuenta.

Entre ellos recuerda una serie de encuentros con lo socios en 2007 en los que tomaron la decisión de fortalecer a la empresa todo lo posible, no dejar de buscar el crecimiento de la misma, aunque con una condición: no sacrificar la cultura de Eidico en pos del crecimiento. El crecimiento se busca como necesidad para el desarrollo de nuestra gente y el conjunto y no solo la empresa.

Mantener esta idea es, para Mateo, uno de los grandes desafíos del futuro. A la par, nombre otros dos: lograr el traspaso generacional y que la institución sobreviva a las personas para que Eidico pueda “cumplir los 100 años”.

El reto final es cómo se logra esa meta temporal. “Queremos dejar una huella. Buscamos proveer soluciones de vivienda a muchos y también crear un modelo de empresa que muestre que se puede ser bueno y, al mismo tiempo, ganar dinero y crecer”, resalta. Creamos y pensamos la empresa para que sea un medio en el que todos los que pasan por ella se desarrollen. Clientes, empleados, proveedores, comunidad, puedan crecer junto con cada desarrollo.

Sueños no faltan. “En 20 años me encantaría que Eidico fuera el desarrollador más importante de la Argentina. No por el título en sí mismo, sino porque eso significa que seguimos agudizando el ingenio para ofrecer todas las soluciones de vivienda e inversión posibles”, termina.

“Somos un grupo de amigos trabajando con un ambiente y una cultura espectacular”

 

“Nosotros no frenamos nunca y por esa razón la gente apostó a Eidico después de la crisis”

 

“Me encantaría que Eidico fuera el desarrollador más importante porque eso significa que seguimos agudizando el ingenio para ofrecer soluciones”